“Cumplir cien años no tiene mérito; aprovecharlos, sí”
“Cumplir cien años no tiene mérito; aprovecharlos, sí”
“Cumplir cien años no tiene mérito; aprovecharlos, sí”
Ima Sanchís
Es un hombre elegante, de buen porte y gran simpatía. Nada le ensombrece el rostro, salvo la muerte de su única hija. Me dio grandes lecciones de positividad, cariño y cuidado hacia las personas que le rodean, una actitud que él ha sabido cultivar durante toda una vida. Hoy cumple 100 años en compañía de sus amigos del Real Club de Polo de Barcelona, del que es socio desde hace más de 80 años, que le homenajean por una vida entera de actividad, deportividad y amistad. Jugó al fútbol hasta los 80 años, organizó campeonatos de esquí acuático cuando aquel deporte era todavía una rareza en España y sigue encontrando en el tenis una magnífica excusa para hacer amigos. A los cien años sigue hablando en presente y repitiendo que es y ha sido muy feliz. Escuchándolo entendí que la edad está en las rodillas; la ilusión, no.
Sigue jugando al tenis?
Sí, claro.
Bueno, tan claro no sé…
¡Todavía me visto de corto! Cumplo 100 años y he perdido a todos mis amigos de infancia. Pero el tenis ha sido una fuente de nuevos amigos a los que aprecio muchísimo. Mi último torneo, en categoría +85 del campeonato de España Mapfre, lo jugué con 93 años.
¿Y cómo le fue?
Quedé subcampeón, ¡y eso que los demás eran unos chavales! Fíjese en lo que le digo: cumplir cien años no tiene mérito; aprovecharlos, sí.
¿Desde cuándo juega?
Yo nací jugando al tenis, supongo que en cuanto me puse en pie ya le daba a la raqueta, o lo intentaba. Teníamos pista de tenis en Valldoreix, donde veraneábamos.
También jugó al fútbol hasta los 80 años.
Sí, con un grupo de amigos con el que me lo pasaba bomba. Jugamos hasta que las rodillas dijeron basta.
¿Una pérdida?
¡Qué va! Lo convertimos en grandes comilonas y grandes encuentros.
¿Qué ha buscado usted en esta vida?
Equilibrio entre el trabajo, la familia y los amigos. Disfrutar de cada momento.
¿Qué ha sido lo malo?
Mi única hija, una mujer extraordinaria, murió a los 57 años, aquello fue terrible. Pero mis cuatro hijos están sanos, vivos y fuertes.
Estudió Derecho, ¿por qué no ejerció?
Quería ser diplomático, pero mi padre me convenció para seguir en el negocio familiar: Grifé & Escoda. Trabajamos mucho, tuvimos éxito. Más tarde, la pasión artística nos llevó a abrir galerías de arte.
¿Acertó siendo empresario?
Me retiré con 65 años, pero tengo un bonísimo recuerdo, fue una gran etapa de mi vida. Me trasladé a Tánger y luego, ya con familia, a Las Palmas de Gran Canaria.
¿Por qué Tánger y Gran Canaria?
Eran lugares con libre comercio y nos permitió acceder a la importación de productos de lujo: cristalerías, vajillas, alfombras orientales… En Canarias aprovechamos el boom del turismo y lideramos el equipamiento hotelero…¡E inventamos la “lista de boda”!
¿A qué ha dedicado estos últimos 35 años?
Al arte, compro y vendo arte. Y he disfrutado de mis hijos, nietos y bisnietos; y he organizado todo tipo de encuentros con amigos.
Le gusta viajar.
Sí, he estado en todo el mundo, por negocios o por placer, y he hecho buenas amistades en todos lados.
¿Algún viaje memorable?
Un viaje a Bombay. Fui a ver a un amigo de la infancia que era jesuita. Me impresionó mucho su labor. Y hay otro viaje inolvidable.
Cuénteme.
Un viaje a Londres, donde tuve la fortuna de conocer a Tere en una recepción en la embajada de España hace 72 años, y seguimos felizmente casados.
¿Cuál es el secreto?
Es una mujer muy inteligente y generosa. Nos comprendemos a la perfección, somos un magnífico tándem.
Ha vivido dos guerras.
Pasamos la Guerra Civil en Barcelona. Era un niño, no recuerdo mucho, vivíamos en rambla Cataluña y jugábamos entre las trincheras. En las guerras sale lo peor. Generan mucho odio.
¿Qué le parece importante en la vida?
Yo soy muy positivo, nunca miro para atrás. No importa si ha salido bien o mal, aprendes y sigues mirando hacia delante.
¿Qué más?
La buena compañía. Soy muy amigo de mis amigos, y los quiero como son, nunca los critico. Y me encanta mi familia, he tenido mucha suerte.
¿Están unidos?
Somos una piña. Nos llevamos todos muy bien. Siempre he organizado viajes de familia, es algo muy valioso, eso ha generado mucho vínculo entre todas las generaciones.
Eso es una riqueza.
Lo es. Siempre he estado para mis hijos, pero he dejado que aprendan de sus propios errores. Solo doy mi opinión cuando me la piden. Nunca me enrabio.
Cumple usted con todos los requisitos para vivir 150 años.
Mi mujer me ha cuidado enormemente, siempre hemos comido muy sano. Y siempre he hecho deporte.
¿Algún otro secreto?
No me he aburrido un minuto en toda mi vida. Yo siempre he sido de organizar, no me da pereza, soy activo y entusiasta.
¿Impresiona vivir 100 años?
Me he hecho mayor, pero me siento bien; de verdad que soy muy feliz.
¿Hay algo que le inquiete?
No, creo que no tengo enemigos, ni externos ni internos.
¿Qué es hoy lo que más desea?
Seguir al lado de Tere, mi querida Tere.
Ima Sanchís
Ima Sanchís
Es un hombre elegante, de buen porte y gran simpatía. Nada le ensombrece el rostro, salvo la muerte de su única hija. Me dio grandes lecciones de positividad, cariño y cuidado hacia las personas que le rodean, una actitud que él ha sabido cultivar durante toda una vida. Hoy cumple 100 años en compañía de sus amigos del Real Club de Polo de Barcelona, del que es socio desde hace más de 80 años, que le homenajean por una vida entera de actividad, deportividad y amistad. Jugó al fútbol hasta los 80 años, organizó campeonatos de esquí acuático cuando aquel deporte era todavía una rareza en España y sigue encontrando en el tenis una magnífica excusa para hacer amigos. A los cien años sigue hablando en presente y repitiendo que es y ha sido muy feliz. Escuchándolo entendí que la edad está en las rodillas; la ilusión, no.
Sigue jugando al tenis?
Sí, claro.
Bueno, tan claro no sé…
¡Todavía me visto de corto! Cumplo 100 años y he perdido a todos mis amigos de infancia. Pero el tenis ha sido una fuente de nuevos amigos a los que aprecio muchísimo. Mi último torneo, en categoría +85 del campeonato de España Mapfre, lo jugué con 93 años.
¿Y cómo le fue?
Quedé subcampeón, ¡y eso que los demás eran unos chavales! Fíjese en lo que le digo: cumplir cien años no tiene mérito; aprovecharlos, sí.
¿Desde cuándo juega?
Yo nací jugando al tenis, supongo que en cuanto me puse en pie ya le daba a la raqueta, o lo intentaba. Teníamos pista de tenis en Valldoreix, donde veraneábamos.
También jugó al fútbol hasta los 80 años.
Sí, con un grupo de amigos con el que me lo pasaba bomba. Jugamos hasta que las rodillas dijeron basta.
¿Una pérdida?
¡Qué va! Lo convertimos en grandes comilonas y grandes encuentros.
¿Qué ha buscado usted en esta vida?
Equilibrio entre el trabajo, la familia y los amigos. Disfrutar de cada momento.
¿Qué ha sido lo malo?
Mi única hija, una mujer extraordinaria, murió a los 57 años, aquello fue terrible. Pero mis cuatro hijos están sanos, vivos y fuertes.
Estudió Derecho, ¿por qué no ejerció?
Quería ser diplomático, pero mi padre me convenció para seguir en el negocio familiar: Grifé & Escoda. Trabajamos mucho, tuvimos éxito. Más tarde, la pasión artística nos llevó a abrir galerías de arte.
¿Acertó siendo empresario?
Me retiré con 65 años, pero tengo un bonísimo recuerdo, fue una gran etapa de mi vida. Me trasladé a Tánger y luego, ya con familia, a Las Palmas de Gran Canaria.
¿Por qué Tánger y Gran Canaria?
Eran lugares con libre comercio y nos permitió acceder a la importación de productos de lujo: cristalerías, vajillas, alfombras orientales… En Canarias aprovechamos el boom del turismo y lideramos el equipamiento hotelero…¡E inventamos la “lista de boda”!
¿A qué ha dedicado estos últimos 35 años?
Al arte, compro y vendo arte. Y he disfrutado de mis hijos, nietos y bisnietos; y he organizado todo tipo de encuentros con amigos.
Le gusta viajar.
Sí, he estado en todo el mundo, por negocios o por placer, y he hecho buenas amistades en todos lados.
¿Algún viaje memorable?
Un viaje a Bombay. Fui a ver a un amigo de la infancia que era jesuita. Me impresionó mucho su labor. Y hay otro viaje inolvidable.
Cuénteme.
Un viaje a Londres, donde tuve la fortuna de conocer a Tere en una recepción en la embajada de España hace 72 años, y seguimos felizmente casados.
¿Cuál es el secreto?
Es una mujer muy inteligente y generosa. Nos comprendemos a la perfección, somos un magnífico tándem.
Ha vivido dos guerras.
Pasamos la Guerra Civil en Barcelona. Era un niño, no recuerdo mucho, vivíamos en rambla Cataluña y jugábamos entre las trincheras. En las guerras sale lo peor. Generan mucho odio.
¿Qué le parece importante en la vida?
Yo soy muy positivo, nunca miro para atrás. No importa si ha salido bien o mal, aprendes y sigues mirando hacia delante.
¿Qué más?
La buena compañía. Soy muy amigo de mis amigos, y los quiero como son, nunca los critico. Y me encanta mi familia, he tenido mucha suerte.
¿Están unidos?
Somos una piña. Nos llevamos todos muy bien. Siempre he organizado viajes de familia, es algo muy valioso, eso ha generado mucho vínculo entre todas las generaciones.
Eso es una riqueza.
Lo es. Siempre he estado para mis hijos, pero he dejado que aprendan de sus propios errores. Solo doy mi opinión cuando me la piden. Nunca me enrabio.
Cumple usted con todos los requisitos para vivir 150 años.
Mi mujer me ha cuidado enormemente, siempre hemos comido muy sano. Y siempre he hecho deporte.
¿Algún otro secreto?
No me he aburrido un minuto en toda mi vida. Yo siempre he sido de organizar, no me da pereza, soy activo y entusiasta.
¿Impresiona vivir 100 años?
Me he hecho mayor, pero me siento bien; de verdad que soy muy feliz.
¿Hay algo que le inquiete?
No, creo que no tengo enemigos, ni externos ni internos.
¿Qué es hoy lo que más desea?
Seguir al lado de Tere, mi querida Tere.
