La música del hotel interfiere en las vacaciones familiares

Héctor Villanueva 1 minuto di lettura

Un verano con ruido constante

Desde la terraza de cada año, en un apartamento sin aire acondicionado frente al mar, intento escribir. Este lugar es el mismo puerto donde mis abuelos veraneaban y donde seguimos pasando nuestras vacaciones. Sin embargo, este año me resulta difícil concentrarme, ya que el hotel vecino, que ahora pertenece a una cadena, ha comenzado a poner música en la piscina casi todo el día.

Aunque cumplen con los horarios y los niveles de decibelios permitidos, el constante ritmo del acuagim y el tono empalagoso del chill out se cuelan impertinentes en nuestro espacio de relax. Si la música solo sonara durante una hora o a un volumen más bajo, podría ser tolerable. Pero, lamentablemente, las mismas canciones se repiten una y otra vez, convirtiendo el ambiente en una experiencia menos placentera.