El terremoto de Lisboa de 1755 y su impacto en la urbanística moderna

Héctor Villanueva 2 minuti di lettura

Un desastre monumental

El 1 de noviembre de 1755, a las 9:40 de la mañana, Lisboa fue sacudida por un devastador terremoto de magnitud estimada entre 8,5 y 9. Este cataclismo dejó entre 15.000 y 60.000 muertos en una ciudad de aproximadamente 200.000 habitantes. A medida que las campanas de las iglesias sonaban solas, la población, aterrorizada, corría desnuda por las calles en busca de ayuda divina, temiendo que fuera el fin del mundo. El mar se retiró antes de regresar con una ola inmensa que inundó la ciudad baja, mientras los incendios se propagaban, cubriendo el horizonte con humo durante días.

Un cambio en la planificación urbana

El marqués de Pombal, Sebastião José de Carvalho e Melo, tomó la iniciativa de estudiar el impacto del seísmo, lo que llevó a un inédito cuestionario enviado a todas las parroquias del país en enero de 1756. Este Inquérito buscaba respuestas concretas y basadas en la observación empírica, alejando cualquier explicación divina del fenómeno. Como resultado, se realizó una reconstrucción de la Baixa de Lisboa, implementando un nuevo diseño urbano en cuadrícula y estructuras resistentes, conocidas como gaiola pombalina. Esta innovación arquitectónica limitó la altura de los edificios y estableció distancias mínimas entre ellos para prevenir futuros incendios. Muchos de estos edificios aún se mantienen en pie y la Baixa Pombalina fue reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.