Reflexiones de Clarissa Dalloway sobre la belleza de la vida
Una mañana especial
Clarissa Dalloway observaba cómo se desmontaban las puertas de los goznes, una escena que evocaba recuerdos de su infancia. “¡Qué mañana!”, pensó, sintiendo la frescura del aire y la alegría que traía consigo, como un regalo para los niños en la playa. La imagen de las zambullidas y la diversión siempre le había parecido cautivadora. Con un leve chirrido, las puertas-ventanas se abrían en Bourton, recordándole que la belleza del mundo se encuentra en los momentos más simples y cotidianos.
