El legado de Gaudí: un siglo de su trágica muerte
El fatal encuentro con el tranvía
El 7 de junio de 1926, Antoni Gaudí fue atropellado por un tranvía de la línea 30 en la Gran Via de Barcelona, entre las calles Girona y Bailèn. El arquitecto se dirigía a la iglesia de Sant Felip Neri, donde asistía diariamente para encontrarse con su confesor. A pesar de sus 73 años, su apariencia desaliñada llevó a muchos a confundirlo con un mendigo, lo que retrasó la asistencia médica. Sin identificación, fue finalmente auxiliado por un guardia civil que lo trasladó al hospital de la Santa Creu, donde, al descubrir su identidad, ya era demasiado tarde. Gaudí falleció el 10 de junio, y en su lápida se lee: ‘Píamente’, reflejando su profunda fe católica.
Resurgimiento de su fama
Su funeral atrajo a una multitud, pero tras su muerte, su figura fue olvidada durante años. No obstante, su legado fue reivindicado por artistas como Salvador Dalí y el arquitecto Sert, quienes resaltaron la singularidad de su obra. Hoy, con la inminente visita del Papa a la Sagrada Família, la percepción de Gaudí ha cambiado drásticamente; de ser criticado por sus extravagancias, ahora es venerado por millones de turistas que buscan admirar su genialidad. La Sagrada Família, en constante construcción, evoca sensaciones ancestrales, conectando con tiempos primitivos que parecen desafiar la lógica humana.
